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MÚSICA AMERICANA

           Época Colonial

           La labor de la Iglesia en América fue muy importante, porque tuvo a cargo la responsabilidad principal de la conversión y civilización de los indígenas, todo lo referente a la enseñanza pública en sus tres ciclos, el sostenimiento de asilos y hospitales, e, incluso, el registro civil de las personas.

          Desde el primer momento, los monarcas españoles solicitaron  la colaboración del clero, logrando que numerosos misioneros se embarcaran para el Nuevo Continente, integrando las primeras expediciones colonizadoras.

          Los primeros misioneros llegados al Río de la Plata fueron ocho clérigos que vinieron con Mendoza.

          Los primeros misioneros que actuaron en nuestro país fueron los franciscanos, quienes asistieron a la primera fundación de Buenos Aires (Pedro de Mendoza), subieron al Paraguay y formaron parte de todas las expediciones fundadoras de esos años.

 

           La Compañía de Jesús

           A la par de los franciscanos, se destacó otra congregación misionera, la Compañía de Jesús, fundada en 1534 por Ignacio de Loyola, un noble vasco que formaba parte del ejército de Carlos I.

           Herido en el sitio de Pamplona, en 1520, decidió emplear toda su vida a "la mayor gloria de Dios"; para ello, renunció a su cargo militar y se dedicó por varios años a la meditación y a la penitencia, en el Convento de Manresa, en Cataluña.

           Después, junto con otros clérigos, en París, se propusieron consagrar la vida a la conversión de los infieles y a la defensa de la Iglesia bajo la dirección del Papa.

           Aprobado su género de vida, en 1540, Ignacio organizó su Sociedad al estilo militar, llamándola "Compañía de Jesús".

           (Recordar que para la aprobación de nuevas órdenes y congregaciones religiosas existe un período de estudio previo a la constitución definitiva (Compañía de Jesús: se funda en 1534, siendo aprobada en 1540).

           Los jesuitas, convertidos así en "auténticos soldados del catolicismo" se dedicaron a toda clase de trabajos: misiones (Ejemplo: en América), colegios, parroquias, y la dirección espiritual del pueblo.

           A la muerte de Ignacio, la Compañía de Jesús ya se había extendido por toda Europa.

          Contemporáneo de Lutero, Ignacio de Loyola fue la respuesta presentada por el catolicismo, a su obra de división del pueblo cristiano.

 

          Los jesuitas en América

           Los primeros jesuitas llegaron al Río de la Plata hacia fines del siglo XVI, y se dedicaron de inmediato a la enseñanza, estableciendo importantes centros de estudio en Buenos Aires, Córdoba, Tucumán y Santa Fe.  Fundaron nuestras dos primeras Universidades: en Córdoba y en Charcas.

           Asistieron espiritualmente a los primeros pobladores, fundando las famosas Reducciones Jesuíticas.

 

           Los jesuitas y la Música

           Durante el siglo XVII (1600 a 1700) la actividad musical se centró en las misiones jesuíticas, fundadas con el fin de enseñar, civilizar y evangelizar a los aborígenes.

           El centro geográfico de esta vasta obra fue la ciudad de Córdoba, como sede provincial de la Orden y de la Universidad. Al puerto de Buenos Aires arribaban los misioneros y padres jesuitas, quienes, luego de unos días de descanso en el Colegio de San Ignacio, que luego de la expulsión se denominó Colegio Real de San Carlos. - hoy en sus terrenos el Colegio Nacional Buenos Aires, Manzana de las Luces-, eran enviados a la región que se les había asignado, sea otro colegio mayor, como el de Córdoba, o una reducción.

          Las misiones de Corrientes y del Paraguay, la Casa Grande de Buenos Aires (Colegio San Ignacio e Iglesia de la Compañía de Buenos Aires - hoy parroquia San Ignacio- (Bolívar y Alsina) y los misioneros del Chaco tenían su centro coordinador en Córdoba.

          En la reducciones de indios guaraníes, iniciadas en 1609, la música tuvo un desarrollo extraordinario.

          En una carta del 10 de agosto de 1637, el padre Antonio Ripario escribía desde Córdoba del Tucumán al Provincial de la Compañía en Milán:

          " Desde muy lejos llegan a Córdoba muchos indios que cantaban en música misas enteras y motetes y canciones con violines, arpas, cornetas, flautas, guitarras, trombones, trompetas y todo ello con tanta exactitud que podía ser escuchada en cualquier iglesia de Europa..."

          Otro padre jesuita, P. Cayetano Cattaneo, conoció en las misiones jesuitas, en 1729,

          "un niño guaraní de 12 años que tocaba en el violín las más difíciles piezas de los compositores de Bolonia, que el Padre le ponía por delante."

          Un escritor publica en Venecia, en 1743, lo siguiente:

          " Se estableció en cada misión una capilla de músicos muy bien instruídos. No hay instrumento musical europeo que ellos no toquen, como órgano, espineta, laúd, violín, violoncello, guitarra, arpa, cornetas, oboes, etc. En una de las últimas visitas realizadas por el obispo de las Reducciones de guaraníes nos maravilló ver un coro de niños que cantaban acompañándose de instrumentos; entre ellos un jovencito de 12 años que tocaba el violoncello con tal gracia y destreza, que el obispo hizo callar al coro y le pidió que tocara una sonata él solo. Él obedeció y después de hacer una reverencia, posó el violoncello sobre un pie, y tocó durante un cuarto de hora con tal desenvoltura que ocasionó el aplauso general."

          Los sacerdotes que la Compañía de Jesús envió a nuestras tierras a partir del siglo XVI, difundieron la música entre los indígenas, pues eran conocedores del misterioso poder ejercido por ese arte en el alma de los hombres, y recurrieron a ella como irresistible argumento de evangelización.

 

           LAS REDUCCIONES JESUÍTICAS

           Los jesuitas se internaron en la selva, fundando centros misioneros en la lejana región del Guayrá: las reducciones, que pronto se convirtieron en florecientes poblaciones.

           Exteriormente las reducciones jesuíticas ofrecían el mismo aspecto: en el centro, la plaza, enmarcada por la Iglesia, la escuela, las habitaciones de los sacerdotes, talleres y depósitos. Hacia un costado las viviendas de los indígenas, y en el lado opuesto las casas de las viudas y el hospital. Detrás estaban los huertos, retablos y corrales, y rodeando todo el pueblo, los bosques y campos de explotación colectiva.

           Organización interna: al frente de cada reducción se hallaba un  Corregidor indígena, elegido por los indios entre los caciques y asistido por un Cabildo.

           En las reducciones no podían residir pobladores españoles; contaban con una fuerza policial y un cuerpo de milicianos que defendían a las reducciones de los ataques de los bandeirantes.

          Muchas veces, y a pedido de los gobernadores, los indios convertidos que habitaban las reducciones intervinieron en las luchas contra los portugueses.

          Todo se hallaba bajo el control de los padres jesuitas, quienes, además de la asistencia espiritual, tenían a su cargo la enseñanza y supervisión general de todas las actividades. Había un párroco por cada reducción o pueblo y otro padre que lo acompañaba, siempre y cuando hubiera suficientes sacerdotes para todas las reducciones.

          Cada reducción era también una verdadera unidad económica, que lograba autoabastecerse (yerba mate, carne, telas, calzados, objetos de arte, instrumentos musicales y armas de fuego).

          El fruto de las cosechas y de los artículos manufacturados se destinaban al consumo interno y al pago de los impuestos a la Corona; el sobrante, se comercializaba con las demás reducciones a las poblaciones españolas.

          Arte

          Cada reducción fue, además, un centro de cultura: había talleres de herrería, carpintería y tejido y escuelas de pintura, tallado y música. También se enseñaba el cultivo de la tierra y la cría del ganado.

          No hay que olvidar que los indígenas eran (y son) muy hábiles para reproducir o copiar cualquier cosa que veían, por ejemplo, un instrumento musical, una talla, etc.

          También tenían una facilidad increíble para el canto, lo que los padres jesuitas dedicados a la música supieron aprovechar. En poco tiempo formaban indígenas maestros de música, organistas, oboístas, cantantes, etc.

          Los indígenas mejor dotados recibían una formación intensiva.

          Muchas tallas realizadas por los ellos se hallan en numerosos templos de Buenos Aires y del interior.

          Por otra parte, las imponentes ruinas de San Ignacio y de otras antiguas poblaciones misioneras son notables exponentes del arte alcanzado por los indígenas.

          

          Doménico Zipoli

          En el año 1717 llega a Buenos Aires la figura más destacada de este extraordinario florecimiento musical en las misiones jesuíticas: el Hermano Domenico Zipoli (1688 - 1726), nacido en Prato - Toscana -, uno de losmejores músicos que vivió en Roma y se transfirió, ya jesuita, a la provincia de Paraguay (así se llamó la provincia jesuítica que actualmente ocupa toda la región de Argentina, Paraguay y sur de Brasil, parte de Bolivia.- AMERICA).

          Estudió en Nápoles con Alessandro Scarlatti (clave) y en Roma con Bernardo Pasquini (Ópera).

          Contemporáneo de Bach, Haendel, Telemann y otros, fue compositor y organista en Italia y estrenó varios oratorios.

          Estudios realizados han revelado la existencia y muerte de este gran músico italiano en lo que hoy es Argentina - su tumba se encuentra en la entrada de la estancia Santa Catalina, aproximadamente a 50 km. de la ciudad de Córdoba.-

           Llegó a Buenos Aires y pasó a Córdoba para terminar sus estudios, ciudad en la que gozó de gran reputación como músico. No llegó a ser sacerdote por no haber obispo para consagrar.

           Muy poco se sabe de las obras que compuso en suelo americano, aunque en los últimos años se están encontrando manuscritos que, aparentemente, son suyos. Es música que no se ha interpretado desde hace más de 200 años y recién ahora se da a conocer a medida que se va transcribiéndola a notación musical moderna.

           Tampoco se pudo establecer con certeza la fecha y causa de su muerte, que, aparentemente, ocurrió el 2 de enero de 1726, a los 38 años de edad; se cree que en el establecimiento campestre que en ese entonces era de los jesuitas - la Estancia Santa Catalina - en Ascochinga, Córdoba, hoy en día de propiedad privada.

           Dice el profesor Juan Pedro Franze: "fue el más grande músico que hasta fines del siglo XVIII jamás pisó tierra americana, desde Alaska hasta Tierra del Fuego. Ningún otro país tuvo tan alto privilegio, sino el nuestro."

           El padre Jerónimo Herrán visitó el pueblo guaranítico de Santiago, en 1732, escribiendo que "los indios aprendan y ejerciten en las músicas del Hermano Domenico Zipoli, por ser las mejores."

           Otros músicos: en las reducciones de Chiquitos actuaron los padres Martin Schmid y Juan Mesner, y en la de Miraflores, en Tucumán, Juan Fecha; Florián Paucke lo hizo en la misión de Mocobíes, en Santa Fe.

 

           EXPULSIÓN DE LOS JESUITAS

           La labor de los jesuitas en cuanto a la conversión, civilización y evangelización en América fue meritísima.

           Los jesuitas, en sus reducciones, defendían los derechos del pueblo (indígenas) en contra del Absolutismo imperante en Europa, adelantándose a los primeros principios de la democracia. (democracia: Locke y Rousseau, 100 años después).

           Esta protección que los padres de la Compañía brindaban a los indígenas molestó, en parte, a los gobernantes absolutistas: se llegó a un extremo tal que los indígenas sólo obedecían a los jesuitas, quienes, a su vez, eran encargados de hacer cumplir las leyes de España en América.

            Esto trajo problemas como la Guerra Guaranítica, que estalló a raíz del Tratado de Permuta entre España y Portugal (línea recta de Norte a Sur: oeste > España  -  este > Portugal). Quedaron treinta reducciones del lado de Portugal, y los indígenas no querían abandonar sus tierras, sus iglesias y sus casas que ellos mismos habían construído, convirtiéndose en "estorbos" para la política.

           Se acusó  a los jesuitas de haber construído "un Imperio dentro del Imperio Español".

           Por otra parte, la Compañía estaba muy bien organizada y había adquirido un poder económico extraordinario, que no convenía a comerciantes españoles en América (por las exportaciones).

           Todo ello originó un movimiento de oposición hacia la Compañía, mediante graves acusaciones e intrigas que culminaron en 1767 con la expulsión de los jesuitas de todos los dominios españoles.

          Esto significó la ruina de casi todas las obras de la Compañía: aunque sus colegios y misiones fueron confiados a otros religiosos, a los pocos años todas las reducciones se desintegraron. Los indígenas volvieron a la selva y en su lugar quedaron las ruinas como testimonio del nivel cultural allí logrado.